Presentación


El mito del progreso
Braulio Hornedo


“En un sentido muy real, somos pasajeros náufragos
a la deriva en un planeta condenado”.(1) Norbert Wiener


1. Presentación
De las dos clases de progreso inteligible en el caos del universo contingente
Quiero establecer de entrada una primera división entre dos formas conceptuales bien diferentes, aunque estrechamente vinculadas entre sí. Estas dos formas teóricas gravitan alrededor del concepto de progreso. Dos formas de naturaleza distinta y muy diferente evolución histórica, pero que suelen confundirse en una sola idea y llevar, en consecuencia, a erróneas conclusiones.


El “Progreso” como fenómeno natural antientrópico.
En primer lugar, el “Progreso” entendido como un fenómeno físico natural, puede ser conceptualizado desde la perspectiva científica de las matemáticas, la física y la cibernética. Esta concepción del “Progreso” deriva de una característica fundamental de ciertos sistemas naturales en los que se da una forma de “orden o progreso” tal que, local y temporalmente se oponen al imperio de la entropía. Este concepto de entropía es derivado de la segunda ley de la termodinámica en la que se establece, y lo digo de forma muy simplificada, que en el universo (conocido), la desorganización aumenta y el orden disminuye. Tales sistemas homeostáticos o “islas antientrópicas” son de muy particular interés para el género humano, pues el fenómeno al que damos el nombre de "vida" queda incluido en esta clase de sistemas físico naturales. Aunque a raíz del incipiente desarrollo de la cibernética, ese fenómeno antientrópico ocurre también en sistemas artificiales tales como los servomecanismos o los ambientes de la llamada inteligencia artificial.


La idea de un universo contingente, a diferencia de un universo rígidamente determinado por la razón humana, es de muy reciente concepción en las ciencias físicas y naturales (dado el predominio hegemónico de la física newtoniana, que reinó absolutista desde finales del siglo XVII hasta fines del XIX). Permanecen las secuelas de la idea de un universo determinista hasta el progresista siglo XX con Einstein y De Broglie quienes, por ejemplo, como una especie de “emisarios del pasado” defendieron esta concepción "determinista" del pensamiento científico.

Este predominio absolutista, conformó el sustento de la “creencia científica” en un universo regido por leyes determinadas y descifrables por el hombre, con vigencia eterna desde el micro hasta el macrocosmos (origen probable de la noción moderna del progreso positivista formulado por Auguste Comte). Esa tradición en declive, está dando paso a una nueva cosmovisión en la cual “la física ya no se ocupa de lo que ocurrirá siempre, sino más bien de lo que pasará con una probabilidad muy grande.” (2).


Dos personajes, entre muchos otros, contribuyeron de forma decisiva en este cambio del paradigma científico de las ciencias fisicomatemáticas a fines del siglo XIX: Ludwig Eduard Boltzmann (1844-1906) en Alemania y Josiah Willard Gibbs (1839-1903) en los Estados Unidos. Trabajando por su cuenta, lograron dejar de lado la arrogancia “universalista” de la concepción newtoniana, a cambio de la nueva cosmovisión de un universo contingente, probabilista, discernible a través de las teorías matemáticas de la medida, la estadística y la probabilidad, que se desarrollaron de forma paralela e independiente a la física durante el siglo XIX. Dice Norbert Wiener:

“...la novedad de Gibbs consistió en considerar, no un universo, sino todos los que son respuestas posibles a un conjunto limitado de cuestiones que se refieren a nuestro medio. Lo fundamental de su idea consiste en discernir hasta que punto son probables en un conjunto mayor de universos las respuestas que podemos dar a ciertas preguntas para algunos de ellos. Gibbs creía además que esa probabilidad tendería naturalmente a aumentar con la edad del universo. Se llama entropía a la medida de esa probabilidad, cuya característica principal es ser siempre creciente.
Al aumentar ella, el universo, junto con todos los sistemas cerrados que contiene, tiende naturalmente a empeorar y a perder sus caracteres distintivos, a pasar del estado menos probable al más probable, de un estado de organización y de diferenciación, en el cual existen rasgos y formas, a otro de caos e identidad. En el universo de Gibbs el orden es menos probable, el caos es más probable. Pero mientras el universo en su totalidad, si existe en cuanto total, tiende a ese estado definitivo, existen enclavados locales, cuya dirección parece opuesta a la del universo como un todo en los cuales hay una tendencia temporal y limitada a aumentar la complejidad de su organización. La vida encuentra asilo en alguno de esos enclavados. Ligada instintivamente a esa idea desde un principio, se inicia el desarrollo de la nueva ciencia: la cibernética.” (3)


La biología, la física, las matemáticas, la neurofisiología, la teoría general de sistemas, la robótica y particularmente la cibernética dan sustento a esta noción de progreso a la que necesariamente haré alusión de forma recurrente, para deslindar con frecuencia entre las simpatías y diferencias de estas dos ideas centrales del saber contemporaneo: la información desde la perspectiva matemática y sistémica de la cibernética, y la del conocimiento desde la postura de la tradición epistemológica de la filosofía. Ante esta primera acepción del “progreso científico”, universal, perenne e ineludible, “que nadie puede parar”, dice Gabriel Zaid:

“Nadie va a parar el progreso: tiene miles, millones de años. Ni la ciega voluntad de progreso, que tiene apenas unos siglos. Hasta sin saberlo, o sin quererlo, somos ejecutantes de esa voluntad que se extiende por el planeta. Sólo podemos exigirle autocrítica: volverla nuestra de una manera menos ciega; hacerla progresar, enfrentándola a sus resultados. Ningún progreso parece hoy más urgente que superar la ciega voluntad de progreso.”(4)


Es entonces menester diferenciar el “Progreso”, como el nombre propio de un fenómeno natural identificado y descrito por las ciencias físicas, matemáticas y naturales, nombre que utilizo convencionalmente en mayúscula y entrecomillado para diferenciarlo de la ciega fe en el progreso, entendida como un fenómeno ideológico, político cultural derivado de aquel. Esta tarea se inicia, en primer lugar, por dos historias no sucesivas, sino paralelas a veces y entrecruzadas casi siempre.

La historia del “Progreso” pasa por la historia de la cibernética a partir de la génesis y evolución del saber racional, cimiento de la noción de número y su evolución conceptual en el pensamiento matemático, por la posterior capacidad mental de cálculo y finalmente el desarrollo de instrumentos de cómputo, comunicación y control, tales como calculadoras, computadoras, medios de comunicación artificiales, servomecanismos y robots, hasta ese matrimonio en ciernes del acoplamiento entre el cerebro y la computadora.

En segundo lugar, me ocuparé de la más breve y compleja historia de la gradual transformación del “Progreso” en la “ciega fe en el progreso”. Como un fenómeno histórico ideológico cultural, económico y político que culmina en nuestros días en la “cultura del progreso”. Cultura emblemática de esa tribu invisible pero omnipresente, de nosotros los evangelizadores universitarios al servicio del mercado global y la sacrosanta ley que garantiza la reproducción y acumulación del capital, característica de la modernidad y de sucedánea constancia en la posmodernidad.

La historia de la idea de progreso abarca, en mi limitada mirada, apenas los tres mil años a los que nos exhorta el poeta Goethe. “El que no sepa dar cuenta de al menos tres mil años está condenado a la miopía del día a día”. Y ¿qué son tres mil años en los cuatro millones de historia como homo erectus?. ¿O en los quinientos mil años de la apropiación humana del fuego? Mito primigenio. ¿O en los diez mil años del conocimiento de la agricultura? ¿O en los cinco mil años de los primeros vestigios de ciudades? Tres mil años es apenas un parpadeo en esta larga historia del género humano y la evolución de sus creencias al saber y conocer modernos. El largo transitar cíclico del mito a la religión y la ciencia.

La idea del progreso se encuentra profundamente enraizada en los meandros de, al menos, los pasados tres mil años de historia de la Cultura Occidental, (greco romana y judeo cristiana, eurocentrista e imperialista, racionalista, cientificista y escolarizada).

Particularmente desde los pasados mil años en que florece la práctica del comercio entre regiones distantes y surge la moneda, el mercado y el capitalismo. De los pasados quinientos años en los que el espíritu renacentista acuna el espíritu laico racional, científico y cientificista. De los recientes doscientos cincuenta años en que la revolución industrial y el mito del progreso nos han colocado en el umbral del suicidio universal del todavía arrogante género humano.


La historia de la Cultura Occidental es la historia de la cultura del progreso. En Homero, Hesíodo y algunos presocráticos, encontramos ya los gérmenes de la idea de que en el saber humano acumulado reside la simiente donde florece el primer peldaño en el ascenso de la humanidad hacia la felicidad y el progreso. Hasta llegar a nuestros días donde el desarrollo científico y tecnológico, ligado con el desarrollo económico y el desarrollo urbano, como engendros del Dios Padre del progreso, dan pie a esos excesos ideológicos que maquillan y ocultan sus desastrosas consecuencias.

La idea del desarrollo sustentable por ejemplo, además de ingenua políticamente, casi tanto como deseable económicamente, es profundamente peligrosa para la supervivencia humana, pues como las buenas intenciones en el proverbio, conduce directamente al pavimentado camino del infierno.


En este trabajo mostraré el papel que los universitarios jugamos en la actualidad como la culminación de ese otro “espíritu absoluto en el devenir de la historia”. La gente de libros, los expertos profesionales, somos los portavoces de la moderna fe universal, y proveedores certificados de progreso en el mercado global. Pues cuando por fin logramos ser reclutados por el poder del capital (léase tener un empleo bien remunerado), dejamos las aulas, listos para predicar la buena nueva del progreso al alcance de “todos”, empezando, desde luego, por nosotros mismos, al cambiar gustosos, créditos académicos por créditos bancarios. Los universitarios bien domesticados y entrenados como obedientes caballitos de circo, somos fabricados como uno más de los subproductos del orden económico que nos domina y determina brutalmente, al grado que aceptamos gustosos la esclavitud voluntaria, pero eso sí, jurídica y políticamente matizada (sólo por ocho horas al día y con “week end”, conquista sin duda progresista).

Pero entonces ¿porqué diantres cuestionar al progreso, como indica el impertinente título de este sitio?

Porque “el futuro, ese desfiladero hacia el que apunta el progreso moderno” (5) nos lleva irremediablemente a ver perderse en el abismo a las ovejas encomendadas a ese modesto “pastor del ser” cuya tarea fundamental es precisamente “ser en el mundo”. “El hombre no es el déspota del ente. El hombre es el pastor del ser.”(6)

¡No! no somos los amos, ni cúspides de la creación divina. La Tierra no nos pertenece, nuestro destino es pertenecer a la Tierra; apenas y somos un aleatorio y prescindible instante sin tiempo en la insondable vastedad de lo inefable. Náufragos condenados ineludiblemente al habitar trágicamente como vecinos del ser para después sucumbir.

 

 


“Somos, bajo las nubes,
subetéreos,
minúsculos moluscos
en el fondo del aire.” (7)

“Una tarde con árboles,
callada y encendida.
Las cosas su silencio
llevan como su esquila.
Tienen sombra: la aceptan.
Tienen nombre: lo olvidan.
Y tú, pastor del Ser,
tú la oveja perdida.” (8)

 

Referencias

(1) Norbert Wiener. Cibernética y sociedad. Editorial Sudamericana. Buenos Aires, 1969, p. 38
(2) Ibidem, p.12
(3) Ibidem, p.14
(4) Zaid, Gabriel. El progreso improductivo. El Colegio Nacional. México, 2004, p. 13
(5) Constante, Alberto. Los monstruos de la razón. FFyL UNAM, ITESM. México. 2006, p. 33
(6) Heidegger, Martin. Carta sobre el humanismo. Ediciones Peña hermanos. México. 1998, p.98
(7) Castañón, Adolfo. Cielos de Antigua. Artemis-Edinter. Guatemala, 1997, p.31
(8) Zaid, Gabriel, Cuestionario. Fondo de Cultura Económica. México 1966. p. 87

Si el lector desea continuar puede elegir entre la historia del “Progreso” en el capítulo 1. O abordar el mito del progreso en el capítulo 2.

Agradecimientos:
Este proyecto de investigación académica fue realizado como tesis de posgrado en Filosofía, originalmente en la UNAM, pero concluido en el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos CIDHEM, bajo la guía de mis admirados maestros los doctores: Alberto Constante, Elsa Cross, Adolfo Castañón, Carlos Melesio Nolasco, Carlos Montemayor, Ricardo Pérez Montfort, Vicente Quirarte, Jean Robert, Octavio Rodríguez Araujo, Antonio Ruiz Taviel, Álvaro Sánchez González a quienes agradezco sus enseñanzas y magistral ejemplo, permanente estímulo para ir construyendo con sus observaciones y críticas este trabajo. Ambrosio Velasco Gómez aceptó dirigir esta tesis desde la práctica espléndida de su infatigable docencia y escrupuloso aliento a la libertad. A Verónica Peinado y Luis Tamayo agradezco además de su generoso magisterio la impecable amistad y sus pacientes e implacables lecturas y correcciones a lo largo de la elaboración del manuscrito. Agradezco también con mi devota admiración y perenne afecto a: don Alfonso Reyes, Iván Illich, Jorge Luis Borges, Ricardo Mestre, Jaime García Terrés, José Luis Martínez, José Emilio Pacheco, Fausto Vega y Gómez Gabriel Zaid y Braulio Hornedo Farriol por fungir como mis más íntimos y permanentes mentores a lo largo de casi toda mi existencia. Igualmente agradezco a: Renato Galicia Brito y Enrique Palacios Martínez por la calidad de hermanos consejeros y la calidez de solidarios compañeros en el transcurrir del día a día. A mis hijas: Jazmín, Mila Citlalli, Montserrat Nayelli y Andrea Maricruz por la dicha de hacer habitable mi vida con su festiva compañía, en particular debo mencionar a Monchini Chirimbombini que en un dibujo profético anticipó todo este proyecto. A las compañeras: Geraldina, Fina, Manina, Andrea y Cecilia por su infinita e imprescindible paciencia. Finalmente, aunque siempre como principio, a mis padres: Braulio Hornedo Cubillas y Marycruz Rocha Hernández pues su ejemplo, fue y ha sido, que la lectura placentera conduce a la sencilla poesía en la práctica de la libertad.

Créditos
(Nota del grupo editorial). Hemos realizado todos los esfuerzos a nuestro alcance en la búsqueda y acreditación de las fuentes y referencias de las obras reproducidas en este sitio sin más propósito que contribuir a la creación de una cultura humanista en una sociedad tecnológica. Pedimos una excusa anticipada por cualquier omisión o error involuntario en este sentido. Nos sentiremos muy complacidos de actualizar o corregir cualquier error o irregularidad en esta obra a partir de sus observaciones y sugerencias.

 
 
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Braulio Hornedo Rocha, Contra el progreso, Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En el se representa un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y éste debería ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruinas sobre ruinas, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irremisiblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso. Walter Benjamin, Morelos, Cuernavaca, Linux, Mac digital, Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chiapas, Chihuahua, Coahuila, Colima, Durango, Estado de Mexico, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Michoacan, Morelos, Nayarit, Nuevo Leon, Oaxaca, Puebla, Queretaro, Quintana Roo, San Luis Potosi, reparacion, Sinaloa, villahermosa, mazatlan, hermosillo, tuxtla, tuxpan, poza rica, merida, cancun, huatulco, victoria, monterrey, chihuahua, mexicali, rosarito, tecate, mochis, tepic, vallarta, ixtapa, ixtapan, zihuatanejo, bucerias, morelia, tehuacan, Sonora, Tabasco, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz, Yucatan, Zacatecas, distrito federal, mexico, anarchy, Ricardo Mestre, Lao-Tse, Ernesto Che Guevara, Ivan Illich y Noam Chomsky, Gabriel Zaid, jean robert, braulio hornedo, matemagica, Buenaventura Durruti, Paul Feyerabend, Mijail Bakunin Noam Chomsky, Ricardo Mella, Buenaventura Durruti, Emma Goldman, Francisco Ferrer Guardia, Piotr Kropotkin Nestor Makhno, Leon Tolstoi, Errico Malatesta, Pierre-Joseph Proudhon, Rudolf Rocker, francisco toledo, Max Stirner, Benjamin Tucker Elisée Reclus Josiah Warren Manuel González Prada Dorothy Day manifiesto comunista Karl Marx, robert owen, Manifiesto del partido comunista, federico engels Acracia , Anarquía, Socialismo libertario anarchism, Críticas al anarquismo, Friedrich Engels, Entre el anarquismo utilitarista de William Godwin, el mutualismo de Pierre-Joseph Proudhon, el egoísmo ético de Max Stirner, el colectivismo de Mijaíl Bakunin, el individualismo radical de Benjamin Tucker, el comunismo libertario de Piotr Kropotkin o el anarquismo voluntarista de Errico Malatesta, las escuelas del pensamiento anarquista en la filosofía política y económica son variadas. La palabra anarquía deriva del prefijo griego iraci (irazzi), "no" y la raíz del verbo αρχω (arkho), "jefe". Puede traducirse, pues, por «sin jefe». Designa una situación política o social en la que ningún individuo ejerce poder o autoridad alguna sobre otros. Las connotaciones de la palabra varían drásticamente según se considere esta ausencia de autoridad: bien como un ideal deseable, bien como un caos a evitar. Es definida en su sentido positivo como la situación humana autoorganizada más justa y libre posible y deseable en la que impera el respeto mutuo entre los individuos libres[1]. Puede ser planteada como un proyecto a futuro y al mismo tiempo como algo que se ha dado y actualmente se da en varias formas de relaciones humanas existentes en este momento y en varios lugares a la vez de forma constante y aleatoria [2], ahí donde los seres humanos pueden relacionarse en libertad e igualdad plenas. Históricamente, la tendencia a la anarquía como ideal político se ha expresado a través del anarquismo