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El
mito del progreso
¿Contra
el progreso?

Braulio
Hornedo
Rocha
A
Iván Illich y Gabriel Zaid
más que maestros, más que amigos
Abstract
La
idea de un universo contingente, a diferencia
de un universo rígidamente determinado
por la razón humana, es de muy reciente
concepción en las ciencias físicas
y naturales (dado el predominio hegemónico
de la física newtoniana, que reinó
desde finales del siglo XVII hasta fines del XIX).
Este predominio absolutista conforma el sustento
de la “creencia científica”
en un universo regido por leyes determinadas y
descifrables por el hombre, desde el micro hasta
el macrocosmos y con vigencia eterna (origen probable
de la noción moderna del progreso positivista
formulado por Auguste Comte y otros). Esa tradición
en declive está dando paso a una nueva
cosmovisión en la cual la física
ya no se ocupa de lo que ocurrirá siempre,
sino más bien de lo que pasará con
una probabilidad muy grande. Que no es lo mismo,
aunque parezca igual.
La vieja teoría de la decadencia de la
humanidad es rebatida, en la “querella de
los modernos contra los antiguos” mediante
la creencia en la superioridad de los modernos,
pues la modernidad resulta para ellos como la
madurez del género humano. Curiosamente
la línea del argumento nos llevaría
a concluir que la analogía con la vida
de una persona aplicada a la historia concluye
con la mayor decadencia posible, la derivada de
la muerte. El argumento de la modernidad para
rebatir la autoridad de los antiguos apunta paradójicamente
hacia la decadencia como destino del viaje de
la modernidad. Pero la fe en el progreso de la
ciencia permite ver el progreso como un encantador
cuento de hadas con un final feliz.
El progreso cuyo velado fin es la decadencia y
el autoexterminio expresado como mercado global
y gobierno mundial, así como la decadencia
moral cuyo fin es el progreso expresado en la
acumulación material de bienes y la concentración
de servicios inútiles, parecieran entonces
ser las dos caras de la moneda del mito progresista.
Las caras de la confianza en el avanzar del saber-hacer
para dominar la naturaleza como amos del mundo.
Pero quizá exista otra cara, la cara de
la crítica al progreso que señala
las desastrosas consecuencias de la ciega fe en
el progreso, fe que sólo beneficia a los
poderosos. Pero estas reflexiones nos previenen
también que no es con el crecimiento de
la inversión y el empleo, ni con el fortalecimiento
de un mercado global controlado por las corporaciones
transnacionales, ni con el gigantismo burocrático
del Estado, como lograremos conformar una conversación
intercultural para una convivencialidad pacífica
que cultive el respeto y autonomía de las
culturas y naciones, el apoyo mutuo y el fruto
de la libertad creadora de la diversidad multicultural.
Finalmente, el progreso como todos los mitos humanos
expresa aquello que no ha sucedido nunca pero
que siempre existirá.
(Resumen
en formato pdf (sólo texto)
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The
myth of progress
Abstract
The idea of a contingent universe, unlike a universe
rigidly determined by the human reason, is a very
recent conception in the physical and natural
sciences (given the hegemonic predominance of
the Newtonian physics, which reigned from the
end of XVII up to the second half of the XIX century).
This absolutist predominance builds the basis
for the “scientific belief” in a universe
governed by deterministic laws decodable by man,
from micro to macro cosmos and with eternal validity
(probably origin of the modern notion of the positivist
progress formulated by Auguste Comte). That declining
tradition is yielding to a new world view in which
the physics no longer takes care of certain events,
but rather of those which will happen with a very
great probability. This is not the same, although
it seems equal.
The old theory of the decadence of humanity is
refuted, in the “dispute of the modern ones
against the ancient ones” by means of the
belief in the superiority of the modern ones,
because modernity is like the maturity of the
human race. Peculiarly the line of the argument
would take us to conclude that the analogy with
the life of a person applied to history concludes
with the greater possible decay, the one derived
from death. The argument of modernity to refute
the authority of the ancient ones aims paradoxically
towards decadence as destiny of the modernity
trip. But faith in the progress of science allows
us to see progress as a charming fairy tale with
a happy end.
The progress, whose occult aim is decadence and
self-extermination expressed like global market
and world-wide government, as well as the moral
decadence whose aim is the progress expressed
in the material accumulation of goods and the
concentration of useless services, seemed then
to be the two coin faces of the progress myth.
The faces of the confidence in advancing our know-and-do
to dominate the nature, like masters of the world.
Perhaps another face exists: The face of the critic
to the progress that points out the disastrous
consequences of the blind faith in progress, faith
that only benefits the powerful ones. But these
reflections also prevent us that it is not with
the growth of investment and employment, neither
with the fortification of a global market controlled
by transnational corporations, nor with the bureaucratic
gigantism of State, as we manage to conform an
intercultural conversation for a pacific conviviality
that cultivates respect and autonomy for cultures
and nations, the mutual support and the fruit
of the creative freedom of the multicultural diversity.
Finally, the progress as all the human myths express
what it has never happened but that always will
exist.
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El
mito del progreso
PROEMIO
De
filosofía, ciencia, tradiciones políticas
y anarquismo
La
ciencia política se encuadra en el marco
de las ciencias sociales, como estas, a su vez,
en la historia de las tradiciones del pensamiento
filosófico y político de la Cultura
Occidental, esto es, de la cultura del progreso.
El adjetivo científico aplicado tanto a
la sociología como a la política
(surgidas entre algunas de las primeras ciencias
sociales) es consecuencia del clima intelectual
de la Ilustración en el siglo XVIII, clima
que desemboca y culmina en la filosofía
del Positivismo y la fe devota en el progreso
derivado de la ciencia. Esta filosofía
se desprende principalmente de los trabajos de
Auguste Comte (1798-1857) y John Stuart Mill (1806-1873)
al despuntar el siglo XIX.
El Positivismo se popularizó en la segunda
mitad del siglo XIX de forma crecientemente hegemónica
en Europa y América, dando lugar, en una
cierta forma de extrapolación intelectual,
a capitalizar los innumerables logros y progresos
de las ciencias naturales sobre algunas de las
disciplinas entendidas hasta entonces como parte
de la tradición humanista, suscitando,
con ello, una especie de divorcio, al adoptarse
gradualmente la lógica matemática
y el método científico, a la vez
que se rechazaban las formas y métodos
de las disciplinas humanistas, provocando de esta
manera la contradictoria ironía de que
para estudiar “científicamente a
la humanidad” había que dejar de
lado y “superar” a las humanidades.
Entre algunos de los precursores en el surgimiento
y adopción del término de “ciencia
política” en los medios académicos
decimonónicos podemos señalar a:
Paul Janet (1)
(1823-1899), filósofo francés que
fue catedrático en las universidades de
Strasbourg y en la Sorbonne, donde publicó,
influido por los acontecimientos de la Revolución
Francesa, su Histoire de la science politique
(Historia de la ciencia política) a mediados
del siglo XIX . En 1857 Francis Lieber (2)
(1798-1872) fue nombrado como el primer profesor
de Historia y Ciencia Política en la Universidad
de Columbia en los Estados Unidos. En Francia,
Emile Boutmy (3)
(1835-1906) fundó en 1872 la Ecole Libre
Des Sciences Politiques, (Escuela Libre de Ciencias
Políticas) que todavía hoy representa
un importante centro de la investigación
político-científico francesa. Finalmente
Herbert Baxter Adams (4)
(1850 –1901), otro historiador norteamericano,
fundó en 1877 el primer seminario y asociación
de investigación en esta materia, "Seminary
of History and Politics/Historical and Political
Science Association” (5)
(Seminario de estudios en Historia y Ciencia Política
de la Universidad Johns Hopkinks), que funcionó
entre 1877 a 1912 y fue el origen de una importante
escuela en ciencias sociales en esa universidad.
Pero es hasta mediados del siglo XX, durante y
hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando
surgen de manera paralela e independiente diversas
disciplinas y técnicas que se convierten
en los cimientos desde donde se desplantan las
pretensiones y logros científicos de las
ciencias sociales.
La investigación de operaciones es un conjunto
de métodos y técnicas para la planeación
y toma de decisiones ante situaciones y problemas
de gran complejidad, precisamente como los derivados
de mantener en operación ejércitos
de cientos de miles y hasta millones de hombres
con su respectivo equipamiento e instalaciones
en los diversos puntos de la Tierra que fueron
escenarios del enfrentamiento bélico.
Se conformaron equipos interdisciplinarios de
científicos para asesorar en la planeación
y toma de decisiones para la resolución
de los intrincados problemas derivados de las
acciones de la guerra. El resultado de la formación
y operación de estos equipos al servicio
de la muerte y destrucción masiva fue conocido
como administración científica,
pues, valiéndose de las matemáticas
aplicadas o “investigación de operaciones”
se podía solucionar cualquier problema
complejo, siempre y cuando fuera “optimizando”
las utilidades del capital y transfiriendo las
pérdidas a las sociedades.
Entre las ciencias y técnicas que convergen
en la investigación de operaciones primero
y en la ciencia política y ciencias sociales
después, se encuentran: la teoría
de juegos (6)
formalizada en 1944 por el matemático John
Von Neumann y el economista y matemático
Oskar Morgenstern. La cibernética (7)
(o teoría de la comunicación y el
control) propuesta más que fundada o creada
por el matemático Norbert Wiener y el neurofisiólogo
Arturo Rosenblueth en 1948. La teoría general
de sistemas (8),
igualmente propuesta por el biólogo Ludwig
von Bertalanfy en 1950. La teoría de catástrofes
de René Thom y E.C. Zeeman en 1970. La
teoría del caos formulada por David Ruelle,
Edward Lorenz y otros en 1980 y finalmente la
teoría del sistema adaptativo complejo
(CAS), propuesta por John Holland, Murray Gell-Mann,
Harold Morowitz y otros en 1990, como la nueva
ciencia de la complejidad que describe el surgimiento,
adaptación y auto-organización de
sistemas sociales complejos. Todas estas teorías
parten de la creación de modelos matemáticos
de sistemas, ya sea políticos, económicos
o sociales, con la intención de describir,
explicar y predecir comportamientos específicos.
De esta forma la ciencia política se va
constituyendo como un cuerpo de conocimientos
descriptivos, explicativos y hasta predictivos
de los fenómenos, instituciones y procesos
políticos que son susceptibles de registro
empírico en sociedades y momentos históricos
concretos. La nueva ciencia política amplía
sus instrumentos y con ello mejora sus resultados
y por ende su prestigio ante los poderosos. De
esta manera, la ciencia política logra
constituirse como rival de la milenaria filosofía
política, tradición del pensamiento
filosófico iniciada por Platón y
Aristóteles en la antigua Grecia y en la
que se venían expresando teorías
crítico normativas encaminadas a la solución
de problemas políticos universales, en
un amplio rango de propuestas que van desde consejos
y críticas puntuales al poder político,
hasta la formulación de complejas utopías.
Pero es en la segunda mitad del siglo XX cuando
surge como una alternativa ante la polémica
en curso de la ciencia política versus
la filosofía política el concepto
de "tradición política",
que se ha usado como una forma de enfrentar el
creciente cientificismo que postula que sólo
el conocimiento científico es válido,
deseable y aceptable. En este restringido y políticamente
orientado sentido, es científico todo aquel
conocimiento útil para la producción
y que por lo tanto es digno de financiamiento.
Una tradición política, dice Ambrosio
Velasco, es un conjunto de prácticas sociales
y culturales, de modos de actuar, pensar y hablar,
cuyo conocimiento no es algo fácil de alcanzar,
“e incluso puede parecer en esencia ininteligible”.
La tradición es cambiante pero mantiene
una continuidad a través del cambio. No
hay un centro fijo e inmutable pero sí
podemos comprender su identidad como un movimiento
en el tiempo.
La comprensión de la tradición no
puede hacerse a través de métodos
rigurosos, sino que es indispensable el desarrollo
de destrezas para conversar críticamente
con la tradición a la que pertenecemos
(9).
El diálogo intra e inter tradiciones es
crítico, pero necesariamente autocrítico
al interior de nuestra propia tradición,
es un diálogo en continuo movimiento para
el que no existe un método único
e infalible como garantía epistemológica
de certeza científica, pues estamos limitados
a comprender e intervenir sólo muy parcialmente
desde el interior de nuestra propia tradición
e insisto, en una proporción infinitesimal.
En suma, podemos decir que una tradición
es un complejo de teorías descriptivas
y normativas, de valores, creencias, discursos
y prácticas políticas que se desarrollan
en comunidades específicas, en periodos
históricos más o menos definidos,
a través de controversias en torno de problemas
prácticos y teóricos que confrontan
las tradiciones, tanto a su interior como frente
a otras tradiciones políticas. (10)
Podemos concluir caracterizando con cuatro rasgos
distintivos a las tradiciones políticas
(TP) ya que son: específicas, abiertas,
plurales e integradoras.
(TP) Específicas. Son histórica
y socialmente arraigadas en una tradición
cultural concreta mas sin embargo no están
cerradas al diálogo interno y externo.
(TP) Abiertas. Se encuentran en un diálogo
crítico y autocrítico con otras
tradiciones distintas y distantes en el tiempo
histórico y el espacio geográfico.
(TP) Plurales. Permanecen bajo un cambio continuo
de valores por la pluralidad de la que se componen
y la flexibilidad de enfoques en los que se desenvuelve
su dialéctica.
(TP) Integradoras. Integran tanto conocimientos
empírico descriptivos, normativo críticos,
como también práctico ideológicos.
Este trabajo está inscrito en la tradición
que reconoce la libertad como el más preciado
de los bienes, la libertad de las personas en
equilibrio dinámico con la libertad de
las comunidades autogestionadas mediante la democracia
directa y la confederación no jerárquica
de municipios libres e independientes en su conformación
y operación. La libertad del diálogo
y el respeto multicultural para la convivencia
pacífica y el apoyo mutuo. La libertad
para deslindar entre la política como la
materia de los ciudadanos responsables de su comunidad,
del papel de los gobernantes como meros administradores
de las decisiones ciudadanas. Pero la tradición
política anarquista, así como la
tradición liberal o la republicana, no
existe químicamente pura sino como el resultado
de una compleja y dinámica urdimbre de
diálogos al interior, y sobre todo al exterior,
de cada tradición como he señalado
previamente. Me propongo entender la urdimbre
de las tradiciones políticas con el uso
de un sistema coordenado cartesiano tridimensional
que me permita identificar y ubicar en un mapa
vectorial, la infinidad de combinaciones con repetición,
resultado de los diálogos inter-tradicionales.
En el primer eje considero como punto rector la
idea de libertad, el que se acota con la tradición
anarquista en un extremo y la tradición
liberal en el otro. En el eje de las formas de
gobierno se encuentran las tradiciones republicana
y democrática. Finalmente en los extremos
del eje de las prácticas de gobierno ubico
a las tradiciones conservadora y revolucionaria
respectivamente.

La combinación con repetición de
las seis tradiciones señaladas amplía
el horizonte de análisis binario (liberal
- conservador) utilizado amplia y limitadamente
hasta ahora, con nuevas categorías de análisis
multidimensional con las que se pueden distinguir
en cada tradición la teoría y la
práctica política de los agentes
y autores vinculados a la misma.
De esta manera un liberal (teoría) conservador
(práctica), no es lo mismo que un conservador
(teoría) liberal (práctica). Asimismo
categorías como la de anarquista conservador,
que antes podría sonar como un disparate,
son no sólo posibles sino que resultan
incluso necesarias para explicar fenómenos
como el EZLN por ejemplo.
La tradición anarquista es milenaria, tan
antigua como el más antiguo de los hombres
que supo valorar su libertad ante los abusos del
poder político y religioso, pero la podemos
reconocer ya como una tradición discernible
documentalmente en la segunda mitad del siglo
XVIII con Jean-Jacques Rousseau y William Godwin
como los precursores de esta tradición
que continúa con Henri de Saint Simón,
Charles Fourier, Elisée Reclus y Pierre-Joseph
Proudhon en Francia. Mijaíl Bakunin, Piotr
Kropotkin y León Tolstoi en Rusia. Max
Stirner, Friederich Nietzsche y Paul Feyerabend
en Alemania. Giuseppe Fanelli y Enrico Malatesta
en Italia. Anselmo Lorenzo, Diego Abad de Santillán
y Buenaventura Durruti en España. Saco
y Vanzetti, Emma Goldman, Paul Goodman, Murray
Bookchin y Noam Chomsky en los Estados Unidos.
Y finalmente (aunque de una lista interminable)
Plotino Rhodakanaty, Julio Chávez López,
Praxedis Guerrero, Jesús y Ricardo Flores
Magón, Emiliano Zapata, Ricardo Mestre,
Octavio Paz, Gabriel Zaid e Iván Illich
entre algunos de los más notables pensadores
en la tradición anarquista mexicana.
La tradición anarquista, ha sido relativamente
poco estudiada en los medios académicos
aunque en proporción inversa, ampliamente
satanizada en los medios gubernamentales, sin
embargo es la tradición política
que consagra la libertad personal en una relación
de tensión dinámica con la libertad
de la autogestión comunitaria; el apoyo
mutuo entre personas y comunidades como una forma
del respeto activo a la pluralidad; la democracia
directa sin representantes ni gobiernos centrales;
la convivencialidad pacífica de los diferentes,
tanto entre los hombres como entre estos y el
medio ambiente natural; la confederación
de municipios libres y la no violencia en la resolución
de los conflictos. Esta tradición es la
simiente a las que se deben y en la que florecen
las ideas de este trabajo pues, en sentido contrario,
el mito del progreso infinito y constante constituye
uno de los bastiones del liberalismo político
económico, cientificista, positivista y
funcionalista que domina hegemónicamente
en la Cultura Occidental. Este mito juega un papel
político fundamental en las tradiciones
políticas y las formas de gobierno contemporáneas
por lo que su revisión y reflexión
crítica es una de las tareas centrales
de este trabajo.
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Referencias:
(1) http://en.wikipedia.org/wiki/Paul_Janet
(2) http://fr.wikipedia.org/wiki/Genèse_de_la_science_politique
(3) http://fr.wikipedia.org/wiki/Émile_Boutmy
(4) http://en.wikipedia.org/wiki/Herbert_Baxter_Adams
(5) http://library.jhu.edu/collections/specialcollections/archives/inventories/rg04-110.html
(6) http://es.wikipedia.org/wiki/Teoría_de_juegos
(7) http://es.wikipedia.org/wiki/Cibernética
(8) http://es.wikipedia.org/wiki/Teoría_de_sistemas
(9) Velasco, Ambrosio, Republicanismo y multiculturalismo,
Siglo XXI, México, 2006, p. 25.
(10) Ibid, p. 34.
Agradecimientos:
Este proyecto de investigación académica
fue realizado como tesis de doctorado en Filosofía,
originalmente en la UNAM, pero desarrollado y
concluido en el Centro de Investigación
y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos
CIDHEM, bajo la guía de mis admirados maestros
los doctores: Alberto Constante, Elsa Cross, Adolfo
Castañón, Ricardo Guerra, Carlos
Melesio Nolasco, Carlos Montemayor, Ricardo Pérez
Montfort, Vicente Quirarte, Jean Robert, Octavio
Rodríguez Araujo, Antonio Ruiz Taviel y
Álvaro Sánchez González a
quienes agradezco sus enseñanzas y magistral
ejemplo, permanente estímulo para ir construyendo
con sus observaciones y críticas este trabajo.
Ambrosio Velasco Gómez aceptó dirigir
esta tesis desde la práctica espléndida
de su infatigable docencia y escrupuloso aliento
a la libertad. A Verónica Peinado y Luis
Tamayo agradezco además de su generoso
magisterio la impecable amistad y sus pacientes
e implacables lecturas y correcciones a lo largo
de la elaboración del manuscrito. Agradezco
también con mi devota admiración
y perenne afecto a: don Alfonso Reyes, Iván
Illich, Jorge Luis Borges, Laura Esquivel, Ricardo
Mestre, Jaime García Terrés, José
Luis Martínez, José Emilio Pacheco,
Fausto Vega y Gómez, Gabriel Zaid y Braulio
Hornedo Farriol por fungir como mis más
íntimos mentores a lo largo de casi toda
mi existencia. Igualmente agradezco a: Renato
Galicia Brito, Enrique Palacios Martínez,
Marta Quintana Isaac y Juan Pérez Amor,
por la calidad de hermanos consejeros y la calidez
de solidarios compañeros en el transcurrir
del día a día. A mis hijas: Jazmín,
Mila Citlalli, Montserrat Nayelli y Andrea Maricruz
por la dicha de hacer habitable mi vida con su
festiva compañía, en particular
debo mencionar a Monchini Chirimbombini que en
un dibujo profético anticipó todo
este proyecto. A las compañeras: Geraldina,
Fina, Manina, Andrea y Cecilia por su infinita
e imprescindible paciencia. Finalmente, aunque
siempre como principio, a mis padres: Braulio
Hornedo Cubillas y Marycruz Rocha Hernández
pues su ejemplo, fue y ha sido, que la lectura
placentera conduce a la sencilla poesía
en la práctica de la libertad.
Créditos
(Nota del grupo editorial). Hemos realizado todos
los esfuerzos a nuestro alcance en la búsqueda
y acreditación de las fuentes y referencias
de las obras reproducidas en este sitio sin más
propósito que contribuir a la creación
de una cultura humanista en una sociedad "tecno
cientificista". Pedimos una excusa anticipada
por cualquier omisión o error involuntario
en este sentido. Nos sentiremos muy complacidos
de actualizar o corregir cualquier error o irregularidad
en esta obra a partir de sus observaciones y sugerencias. 
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