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El mito del progreso
Braulio Hornedo Rocha

A Iván Illich, Ricardo Mestre y Gabriel Zaid
más que maestros, más que amigos


Abstract

La idea de un universo contingente, a diferencia de un universo rígidamente determinado por la razón humana, es de muy reciente concepción en las ciencias físicas y naturales (dado el predominio hegemónico de la física newtoniana, que reinó desde finales del siglo XVII hasta fines del XIX). Este predominio absolutista conforma el sustento de la “creencia científica” en un universo regido por leyes determinadas y descifrables por el hombre, desde el micro hasta el macrocosmos y con vigencia eterna (origen probable de la noción moderna del progreso positivista formulado por Auguste Comte y otros). Esa tradición en declive está dando paso a una nueva cosmovisión en la cual la física ya no se ocupa de lo que ocurrirá siempre, sino más bien de lo que pasará con una probabilidad muy grande. Que no es lo mismo, aunque parezca igual.
La vieja teoría de la decadencia de la humanidad es rebatida, en la “querella de los modernos contra los antiguos” mediante la creencia en la superioridad de los modernos, pues la modernidad resulta para ellos como la madurez del género humano. Curiosamente la línea del argumento nos llevaría a concluir que la analogía con la vida de una persona aplicada a la historia concluye con la mayor decadencia posible, la derivada de la muerte. El argumento de la modernidad para rebatir la autoridad de los antiguos apunta paradójicamente hacia la decadencia como destino del viaje de la modernidad. Pero la fe en el progreso de la ciencia permite ver el progreso como un encantador cuento de hadas con un final feliz.
El progreso cuyo velado fin es la decadencia y el autoexterminio expresado como mercado global y gobierno mundial, así como la decadencia moral cuyo fin es el progreso expresado en la acumulación material de bienes y la concentración de servicios inútiles, parecieran entonces ser las dos caras de la moneda del mito progresista. Las caras de la confianza en el avanzar del saber-hacer para dominar la naturaleza como amos del mundo. Pero quizá exista otra cara, la cara de la crítica al progreso que señala las desastrosas consecuencias de la ciega fe en el progreso, fe que sólo beneficia a los poderosos. Pero estas reflexiones nos previenen también que no es con el crecimiento de la inversión y el empleo, ni con el fortalecimiento de un mercado global controlado por las corporaciones transnacionales, ni con el gigantismo burocrático del Estado, como lograremos conformar una conversación intercultural para una convivencialidad pacífica que cultive el respeto y autonomía de las culturas y naciones, el apoyo mutuo y el fruto de la libertad creadora de la diversidad multicultural. Finalmente, el progreso como todos los mitos humanos expresa aquello que no ha sucedido nunca pero que siempre existirá.

(Resumen en formato pdf (sólo texto)

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The myth of progress
Abstract


The idea of a contingent universe, unlike a universe rigidly determined by the human reason, is a very recent conception in the physical and natural sciences (given the hegemonic predominance of the Newtonian physics, which reigned from the end of XVII up to the second half of the XIX century). This absolutist predominance builds the basis for the “scientific belief” in a universe governed by deterministic laws decodable by man, from micro to macro cosmos and with eternal validity (probably origin of the modern notion of the positivist progress formulated by Auguste Comte). That declining tradition is yielding to a new world view in which the physics no longer takes care of certain events, but rather of those which will happen with a very great probability. This is not the same, although it seems equal.
The old theory of the decadence of humanity is refuted, in the “dispute of the modern ones against the ancient ones” by means of the belief in the superiority of the modern ones, because modernity is like the maturity of the human race. Peculiarly the line of the argument would take us to conclude that the analogy with the life of a person applied to history concludes with the greater possible decay, the one derived from death. The argument of modernity to refute the authority of the ancient ones aims paradoxically towards decadence as destiny of the modernity trip. But faith in the progress of science allows us to see progress as a charming fairy tale with a happy end.
The progress, whose occult aim is decadence and self-extermination expressed like global market and world-wide government, as well as the moral decadence whose aim is the progress expressed in the material accumulation of goods and the concentration of useless services, seemed then to be the two coin faces of the progress myth. The faces of the confidence in advancing our know-and-do to dominate the nature, like masters of the world. Perhaps another face exists: The face of the critic to the progress that points out the disastrous consequences of the blind faith in progress, faith that only benefits the powerful ones. But these reflections also prevent us that it is not with the growth of investment and employment, neither with the fortification of a global market controlled by transnational corporations, nor with the bureaucratic gigantism of State, as we manage to conform an intercultural conversation for a pacific conviviality that cultivates respect and autonomy for cultures and nations, the mutual support and the fruit of the creative freedom of the multicultural diversity. Finally, the progress as all the human myths express what it has never happened but that always will exist.

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Una selección de escritos afines:
http://www.osun.orgen/Mito+del+progreso-pdf.html

El anarquismo es un humanismo

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El mito del progreso
PROEMIO
De filosofía, ciencia, tradiciones políticas y anarquismo

Para Ambrosio Velasco
mi maestro y amigo

La ciencia política se encuadra en el marco de las ciencias sociales, como estas, a su vez, en la historia de las tradiciones del pensamiento filosófico y político de la Cultura Occidental, esto es, de la cultura del progreso.

El adjetivo científico aplicado tanto a la sociología como a la política (surgidas entre algunas de las primeras ciencias sociales) es consecuencia del clima intelectual de la Ilustración en el siglo XVIII, clima que desemboca y culmina en la filosofía del Positivismo y la fe devota en el progreso derivado de la ciencia. Esta filosofía se desprende principalmente de los trabajos de Auguste Comte (1798-1857) y John Stuart Mill (1806-1873) al despuntar el siglo XIX.

El Positivismo se popularizó en la segunda mitad del siglo XIX de forma crecientemente hegemónica en Europa y América, dando lugar, en una cierta forma de extrapolación intelectual, a capitalizar los innumerables logros y progresos de las ciencias naturales sobre algunas de las disciplinas entendidas hasta entonces como parte de la tradición humanista, suscitando, con ello, una especie de divorcio, al adoptarse gradualmente la lógica matemática y el método científico, a la vez que se rechazaban las formas y métodos de las disciplinas humanistas, provocando de esta manera la contradictoria ironía de que para estudiar “científicamente a la humanidad” había que dejar de lado y “superar” a las humanidades.

Entre algunos de los precursores en el surgimiento y adopción del término de “ciencia política” en los medios académicos decimonónicos podemos señalar a: Paul Janet (1) (1823-1899), filósofo francés que fue catedrático en las universidades de Strasbourg y en la Sorbonne, donde publicó, influido por los acontecimientos de la Revolución Francesa, su Histoire de la science politique (Historia de la ciencia política) a mediados del siglo XIX . En 1857 Francis Lieber (2) (1798-1872) fue nombrado como el primer profesor de Historia y Ciencia Política en la Universidad de Columbia en los Estados Unidos. En Francia, Emile Boutmy (3) (1835-1906) fundó en 1872 la Ecole Libre Des Sciences Politiques, (Escuela Libre de Ciencias Políticas) que todavía hoy representa un importante centro de la investigación político-científico francesa. Finalmente Herbert Baxter Adams (4) (1850 –1901), otro historiador norteamericano, fundó en 1877 el primer seminario y asociación de investigación en esta materia, "Seminary of History and Politics/Historical and Political Science Association” (5) (Seminario de estudios en Historia y Ciencia Política de la Universidad Johns Hopkinks), que funcionó entre 1877 a 1912 y fue el origen de una importante escuela en ciencias sociales en esa universidad.
Pero es hasta mediados del siglo XX, durante y hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando surgen de manera paralela e independiente diversas disciplinas y técnicas que se convierten en los cimientos desde donde se desplantan las pretensiones y logros científicos de las ciencias sociales.

La investigación de operaciones es un conjunto de métodos y técnicas para la planeación y toma de decisiones ante situaciones y problemas de gran complejidad, precisamente como los derivados de mantener en operación ejércitos de cientos de miles y hasta millones de hombres con su respectivo equipamiento e instalaciones en los diversos puntos de la Tierra que fueron escenarios del enfrentamiento bélico.
Se conformaron equipos interdisciplinarios de científicos para asesorar en la planeación y toma de decisiones para la resolución de los intrincados problemas derivados de las acciones de la guerra. El resultado de la formación y operación de estos equipos al servicio de la muerte y destrucción masiva fue conocido como administración científica, pues, valiéndose de las matemáticas aplicadas o “investigación de operaciones” se podía solucionar cualquier problema complejo, siempre y cuando fuera “optimizando” las utilidades del capital y transfiriendo las pérdidas a las sociedades.

Entre las ciencias y técnicas que convergen en la investigación de operaciones primero y en la ciencia política y ciencias sociales después, se encuentran: la teoría de juegos (6) formalizada en 1944 por el matemático John Von Neumann y el economista y matemático Oskar Morgenstern. La cibernética (7) (o teoría de la comunicación y el control) propuesta más que fundada o creada por el matemático Norbert Wiener y el neurofisiólogo Arturo Rosenblueth en 1948. La teoría general de sistemas (8), igualmente propuesta por el biólogo Ludwig von Bertalanfy en 1950. La teoría de catástrofes de René Thom y E.C. Zeeman en 1970. La teoría del caos formulada por David Ruelle, Edward Lorenz y otros en 1980 y finalmente la teoría del sistema adaptativo complejo (CAS), propuesta por John Holland, Murray Gell-Mann, Harold Morowitz y otros en 1990, como la nueva ciencia de la complejidad que describe el surgimiento, adaptación y auto-organización de sistemas sociales complejos. Todas estas teorías parten de la creación de modelos matemáticos de sistemas, ya sea políticos, económicos o sociales, con la intención de describir, explicar y predecir comportamientos específicos.

De esta forma la ciencia política se va constituyendo como un cuerpo de conocimientos descriptivos, explicativos y hasta predictivos de los fenómenos, instituciones y procesos políticos que son susceptibles de registro empírico en sociedades y momentos históricos concretos. La nueva ciencia política amplía sus instrumentos y con ello mejora sus resultados y por ende su prestigio ante los poderosos. De esta manera, la ciencia política logra constituirse como rival de la milenaria filosofía política, tradición del pensamiento filosófico iniciada por Platón y Aristóteles en la antigua Grecia y en la que se venían expresando teorías crítico normativas encaminadas a la solución de problemas políticos universales, en un amplio rango de propuestas que van desde consejos y críticas puntuales al poder político, hasta la formulación de complejas utopías.
Pero es en la segunda mitad del siglo XX cuando surge como una alternativa ante la polémica en curso de la ciencia política versus la filosofía política el concepto de "tradición política", que se ha usado como una forma de enfrentar el creciente cientificismo que postula que sólo el conocimiento científico es válido, deseable y aceptable. En este restringido y políticamente orientado sentido, es científico todo aquel conocimiento útil para la producción y que por lo tanto es digno de financiamiento.
Una tradición política, dice Ambrosio Velasco, es un conjunto de prácticas sociales y culturales, de modos de actuar, pensar y hablar, cuyo conocimiento no es algo fácil de alcanzar, “e incluso puede parecer en esencia ininteligible”. La tradición es cambiante pero mantiene una continuidad a través del cambio. No hay un centro fijo e inmutable pero sí podemos comprender su identidad como un movimiento en el tiempo.

La comprensión de la tradición no puede hacerse a través de métodos rigurosos, sino que es indispensable el desarrollo de destrezas para conversar críticamente con la tradición a la que pertenecemos (9).

El diálogo intra e inter tradiciones es crítico, pero necesariamente autocrítico al interior de nuestra propia tradición, es un diálogo en continuo movimiento para el que no existe un método único e infalible como garantía epistemológica de certeza científica, pues estamos limitados a comprender e intervenir sólo muy parcialmente desde el interior de nuestra propia tradición e insisto, en una proporción infinitesimal.

En suma, podemos decir que una tradición es un complejo de teorías descriptivas y normativas, de valores, creencias, discursos y prácticas políticas que se desarrollan en comunidades específicas, en periodos históricos más o menos definidos, a través de controversias en torno de problemas prácticos y teóricos que confrontan las tradiciones, tanto a su interior como frente a otras tradiciones políticas. (10)

Podemos concluir caracterizando con cuatro rasgos distintivos a las tradiciones políticas (TP) ya que son: específicas, abiertas, plurales e integradoras.
(TP) Específicas. Son histórica y socialmente arraigadas en una tradición cultural concreta mas sin embargo no están cerradas al diálogo interno y externo.
(TP) Abiertas. Se encuentran en un diálogo crítico y autocrítico con otras tradiciones distintas y distantes en el tiempo histórico y el espacio geográfico.
(TP) Plurales. Permanecen bajo un cambio continuo de valores por la pluralidad de la que se componen y la flexibilidad de enfoques en los que se desenvuelve su dialéctica.
(TP) Integradoras. Integran tanto conocimientos empírico descriptivos, normativo críticos, como también práctico ideológicos.

Este trabajo está inscrito en la tradición que reconoce la libertad como el más preciado de los bienes, la libertad de las personas en equilibrio dinámico con la libertad de las comunidades autogestionadas mediante la democracia directa y la confederación no jerárquica de municipios libres e independientes en su conformación y operación. La libertad del diálogo y el respeto multicultural para la convivencia pacífica y el apoyo mutuo. La libertad para deslindar entre la política como la materia de los ciudadanos responsables de su comunidad, del papel de los gobernantes como meros administradores de las decisiones ciudadanas. Pero la tradición política anarquista, así como la tradición liberal o la republicana, no existe químicamente pura sino como el resultado de una compleja y dinámica urdimbre de diálogos al interior, y sobre todo al exterior, de cada tradición como he señalado previamente. Me propongo entender la urdimbre de las tradiciones políticas con el uso de un sistema coordenado cartesiano tridimensional que me permita identificar y ubicar en un mapa vectorial, la infinidad de combinaciones con repetición, resultado de los diálogos inter-tradicionales. En el primer eje considero como punto rector la idea de libertad, el que se acota con la tradición anarquista en un extremo y la tradición liberal en el otro. En el eje de las formas de gobierno se encuentran las tradiciones republicana y democrática. Finalmente en los extremos del eje de las prácticas de gobierno ubico a las tradiciones conservadora y revolucionaria respectivamente.


La combinación con repetición de las seis tradiciones señaladas amplía el horizonte de análisis binario (liberal - conservador) utilizado amplia y limitadamente hasta ahora, con nuevas categorías de análisis multidimensional con las que se pueden distinguir en cada tradición la teoría y la práctica política de los agentes y autores vinculados a la misma.
De esta manera un liberal (teoría) conservador (práctica), no es lo mismo que un conservador (teoría) liberal (práctica). Asimismo categorías como la de anarquista conservador, que antes podría sonar como un disparate, son no sólo posibles sino que resultan incluso necesarias para explicar fenómenos como el EZLN por ejemplo.

La tradición anarquista es milenaria, tan antigua como el más antiguo de los hombres que supo valorar su libertad ante los abusos del poder político y religioso, pero la podemos reconocer ya como una tradición discernible documentalmente en la segunda mitad del siglo XVIII con Jean-Jacques Rousseau y William Godwin como los precursores de esta tradición que continúa con Henri de Saint-Simon, Charles Fourier, Elisée Reclus y Pierre-Joseph Proudhon en Francia. Mijaíl Bakunin, Piotr Kropotkin y León Tolstoi en Rusia. Max Stirner, Friederich Nietzsche y Paul Feyerabend en Alemania. Giuseppe Fanelli y Enrico Malatesta en Italia. Anselmo Lorenzo, Diego Abad de Santillán y Buenaventura Durruti en España. Saco y Vanzetti, Emma Goldman, Paul Goodman, Murray Bookchin y Noam Chomsky en los Estados Unidos. Y finalmente (aunque de una lista interminable) Plotino Rhodakanaty, Praxedis Guerrero, Librado Rivera, Enrique y Ricardo Flores Magón, Emiliano Zapata, Ricardo Mestre, Octavio Paz, Gabriel Zaid e Iván Illich entre algunos de los más notables pensadores en la tradición anarquista mexicana.

La tradición anarquista, ha sido relativamente poco estudiada en los medios académicos aunque en proporción inversa, ampliamente satanizada en los medios gubernamentales, sin embargo es la tradición política que consagra la libertad personal en una relación de tensión dinámica con la libertad de la autogestión comunitaria; el apoyo mutuo entre personas y comunidades como una forma del respeto activo a la pluralidad; la democracia directa sin representantes ni gobiernos centrales; la convivencialidad pacífica de los diferentes, tanto entre los hombres como entre estos y el medio ambiente natural; la confederación de municipios libres y la no violencia en la resolución de los conflictos. Esta tradición es la simiente a las que se deben y en la que florecen las ideas de este trabajo pues, en sentido contrario, el mito del progreso infinito y constante constituye uno de los bastiones del liberalismo político económico, cientificista, positivista y funcionalista que domina hegemónicamente en la Cultura Occidental. Este mito juega un papel político fundamental en las tradiciones políticas y las formas de gobierno contemporáneas por lo que su revisión y reflexión crítica es una de las tareas centrales de este trabajo.

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El anarquismo es un humanismo
(ver video)

Referencias:
(1) http://en.wikipedia.org/wiki/Paul_Janet
(2) http://fr.wikipedia.org/wiki/Genèse_de_la_science_politique
(3) http://fr.wikipedia.org/wiki/Émile_Boutmy
(4) http://en.wikipedia.org/wiki/Herbert_Baxter_Adams
(5) http://library.jhu.edu/collections/specialcollections/archives/inventories/rg04-110.html
(6) http://es.wikipedia.org/wiki/Teoría_de_juegos
(7) http://es.wikipedia.org/wiki/Cibernética
(8) http://es.wikipedia.org/wiki/Teoría_de_sistemas
(9) Velasco, Ambrosio, Republicanismo y multiculturalismo, Siglo XXI, México, 2006, p. 25.
(10) Ibid, p. 34.

Agradecimientos:
Este proyecto de investigación académica fue realizado como tesis de doctorado en Filosofía, originalmente en la UNAM, pero desarrollado y concluido en el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos CIDHEM, bajo la guía de mis admirados maestros los doctores: Alberto Constante, Elsa Cross, Adolfo Castañón, Ricardo Guerra, Carlos Melesio Nolasco, Carlos Montemayor, Ricardo Pérez Montfort, Vicente Quirarte, Jean Robert, Octavio Rodríguez Araujo, Antonio Ruiz Taviel y Álvaro Sánchez González a quienes agradezco sus enseñanzas y magistral ejemplo, permanente estímulo para ir construyendo con sus observaciones y críticas este trabajo. Ambrosio Velasco Gómez aceptó dirigir esta tesis desde la práctica espléndida de su infatigable docencia y escrupuloso aliento a la libertad. A Verónica Peinado y Luis Tamayo agradezco además de su generoso magisterio la impecable amistad y sus pacientes e implacables lecturas y correcciones a lo largo de la elaboración del manuscrito. Agradezco también con mi devota admiración y perenne afecto a: don Alfonso Reyes, Iván Illich, Jorge Luis Borges, Laura Esquivel, Ricardo Mestre, Jaime García Terrés, José Luis Martínez, José Emilio Pacheco, Fausto Vega y Gómez, Gabriel Zaid y Braulio Hornedo Farriol por fungir como mis más íntimos mentores a lo largo de casi toda mi existencia. Igualmente agradezco a: Renato Galicia Brito, Enrique Palacios Martínez, Marta Quintana Isaac y Juan Pérez Amor, por la calidad de hermanos consejeros y la calidez de solidarios compañeros en el transcurrir del día a día. A mis hijas: Jazmín, Mila Citlalli, Montserrat Nayelli y Andrea Maricruz por la dicha de hacer habitable mi vida con su festiva compañía, en particular debo mencionar a Monchini Chirimbombini que en un dibujo profético anticipó todo este proyecto. A las compañeras: Geraldina, Fina, Manina, Andrea y Cecilia por su infinita e imprescindible paciencia. Finalmente, aunque siempre como principio, a mis padres: Braulio Hornedo Cubillas y Marycruz Rocha Hernández pues su ejemplo, fue y ha sido, que la lectura placentera conduce a la sencilla poesía en la práctica de la libertad.

Créditos
(Nota del grupo editorial). Hemos realizado todos los esfuerzos a nuestro alcance en la búsqueda y acreditación de las fuentes y referencias de las obras reproducidas en este sitio sin más propósito que contribuir a la creación de una cultura humanista en una sociedad "tecno cientificista". Pedimos una excusa anticipada por cualquier omisión o error involuntario en este sentido. Nos sentiremos muy complacidos de actualizar o corregir cualquier error o irregularidad en esta obra a partir de sus observaciones y sugerencias.

 
 
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Braulio Hornedo Rocha, Contra el progreso, Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En el se representa un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y éste debería ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruinas sobre ruinas, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irremisiblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso. Walter Benjamin, Morelos, Cuernavaca, Linux, Mac digital, Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chiapas, Chihuahua, Coahuila, Colima, Durango, Estado de Mexico, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Michoacan, Morelos, Nayarit, Nuevo Leon, Oaxaca, Puebla, Queretaro, Quintana Roo, San Luis Potosi, reparacion, Sinaloa, villahermosa, mazatlan, hermosillo, tuxtla, tuxpan, poza rica, merida, cancun, huatulco, victoria, monterrey, chihuahua, mexicali, rosarito, tecate, mochis, tepic, vallarta, ixtapa, ixtapan, zihuatanejo, bucerias, morelia, tehuacan, Sonora, Tabasco, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz, Yucatan, Zacatecas, distrito federal, mexico, anarchy, Ricardo Mestre, Lao-Tse, Ernesto Che Guevara, Ivan Illich y Noam Chomsky, Gabriel Zaid, jean robert, braulio hornedo, matemagica, Buenaventura Durruti, Paul Feyerabend, Mijail Bakunin Noam Chomsky, Ricardo Mella, Buenaventura Durruti, Emma Goldman, Francisco Ferrer Guardia, Piotr Kropotkin Nestor Makhno, Leon Tolstoi, Errico Malatesta, Pierre-Joseph Proudhon, Rudolf Rocker, francisco toledo, Max Stirner, Benjamin Tucker Elisée Reclus Josiah Warren Manuel González Prada Dorothy Day manifiesto comunista Karl Marx, robert owen, Manifiesto del partido comunista, federico engels Acracia , Anarquía, Socialismo libertario anarchism, Críticas al anarquismo, Friedrich Engels, Entre el anarquismo utilitarista de William Godwin, el mutualismo de Pierre-Joseph Proudhon, el egoísmo ético de Max Stirner, el colectivismo de Mijaíl Bakunin, el individualismo radical de Benjamin Tucker, el comunismo libertario de Piotr Kropotkin o el anarquismo voluntarista de Errico Malatesta, las escuelas del pensamiento anarquista en la filosofía política y económica son variadas. La palabra anarquía deriva del prefijo griego iraci (irazzi), "no" y la raíz del verbo αρχω (arkho), "jefe". Puede traducirse, pues, por «sin jefe». Designa una situación política o social en la que ningún individuo ejerce poder o autoridad alguna sobre otros. Las connotaciones de la palabra varían drásticamente según se considere esta ausencia de autoridad: bien como un ideal deseable, bien como un caos a evitar. Es definida en su sentido positivo como la situación humana autoorganizada más justa y libre posible y deseable en la que impera el respeto mutuo entre los individuos libres[1]. Puede ser planteada como un proyecto a futuro y al mismo tiempo como algo que se ha dado y actualmente se da en varias formas de relaciones humanas existentes en este momento y en varios lugares a la vez de forma constante y aleatoria [2], ahí donde los seres humanos pueden relacionarse en libertad e igualdad plenas. Históricamente, la tendencia a la anarquía como ideal político se ha expresado a través del anarquismo